domingo, 19 de agosto de 2012

Capitulo 2.


- Lo siento, que pase un buen día. - Sonreí levemente y baje del autobús, aspirando el fuerte olor a lluvia y mojado que invadía las calles, dejando que las pocas gotitas que seguían cayendo me mojaran. Mire hacia el cielo y cerré los ojos unos instantes, entonces, decidí mi rumbo. La vieja posada de Ángel me serviría. Cruce la plaza y baje la calle, unos banderines, colgaban de balcón en balcón, intentando alegrar un poco esos días de invierno, seguí bajando la calle hasta encontrarme con el enorme portal de piedra, llamé al telefonillo y me abrieron, subí los 7 pisos andando, ya que el viejo edificio, no tenía ascensor, me maldije varias veces por el peso de la maleta, pero finalmente, llegué, crucé el pasillo y entré en el Hostal, esperando a que alguien me atendiera. Mientras esperaba, observé esa vieja posada, mirando los amplios y grandes cuadros que colgaban de las paredes de color beige, me acerqué a unos ventanales y metí un poco la cabeza entre las cortinas, desempañe un poco el cristal con el puño de mi sudadera y mire a través de este. Había dejado de llover ya, pero se notaba todavía el ambiente creado, gotitas de vapor ascendiendo, creando un pequeño manto de niebla a través de las calles, ahora, medio abandonadas del centro de la capital. Alguien tosió detrás de mí y me giré, viendo a una mujer, elegante, de ya avanzada edad, rondando los 50 y muchos o incluso, 60. Las fracciones marcadas de su cara y un moño recogido, perfectamente peinado, un pantalón largo, negro, con una americana a juego que tenía sobre una camisa azul cielo, me acerqué a ella y esta, se dirigió hacia el recibidor.
- Buenas tardes. - Dije seria, con una pequeña sonrisa, apenas perceptible. - Me gustaría alojarme aquí un par de noches, hasta que encuentre una residencia fija. ¿Quedan habitaciones? - mientras yo hablaba, la mujer mayor, miraba en una gran libreta, donde debían de estar las reservas y gente que se alojaba ahí. Me miro seria y después, rebusco en un cajón justo debajo de aquella gran mesa de roble. Saco una llave, el número 10 y me la entregó. 
- Puedes quedarte en esa el tiempo que necesites, tienes un pequeño armario y toallas sobre la cama, hay un lavabo dentro de la habitación, pero las duchas, están en el fondo del pasillo. - sonrío, por primera vez en el encuentro, dejando ver una sonrisa ya gastada con los años. - Tienes una pequeña cafetería, donde servimos el desayuno, la comida y la cena, son desde las 19 h. hasta las 22 h. Si necesitas cualquier cosa, mi habitación es el número 1.
- Creo que ya está todo, muchas gracias, Doña.. - dije interrogante, al no saberme su nombre.- 
- Eugenia, llámeme Eugenia. ¿Y usted es? - Dijo abriendo nuevamente el cuaderno, para anotar mi nombre.-
- Liss, Liss White. 
- ¿Inglesa? - dijo curiosa.-
- Por parte de padre, nada más, pero desde los 10 años he vivido aquí, con mi madre. - Puse la llave en el bolsillo de la sudadera y tras arreglar todo, me dirigí a la habitación. Encajé la llave en la cerradura y la abrí, puse la maleta sobre la cama y empecé a desempacar, guardando lo poco que llevaba en el armario, coloqué los zapatos debajo de la cama y entre en el pequeño lavabo de la habitación, lave mi cara y me quité la trenza, cogí ropa limpia y las toallas y fui hacia las duchas. Después de una ducha caliente, me arreglé y fui hacia la pequeña cafeteria, que disponía apenas de 5 mesas, una barra y dos máquinas desprendedoras, una de refrescos y otra, de comida. Pedí un café, caliente, solo y cogí unas galletitas de una de las máquinas, me tomé todo y entre a mi habitación, me puse el abrigo y nuevamente, cogí mi mochila metiendo la cartera, la cámara y el reproductor de música. Las llaves de la mesita y salí, cerrando la puerta tras de mí. Atravesé el largo pasillo y me despedí de Doña Eugenia, que descansaba en un sillón al lado de los ventanales. Baje las escaleras, no con mucha prisa pero tampoco despacio, me abroché el abrigo y salí del portal, metiéndome en la escasa niebla que quedaba tras la tormenta de esta mañana. 

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